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Anatomía de una sociedad en crisis — escala XL (3/8)

La policrisis mundial y el sentido social de nuestra profesión. Alejar el zoom para entender la crisis de los relatos, el bloqueo neoliberal, y dónde actuar.

14 min de lectura
Anatomía de una sociedad en crisis — escala XL (3/8)

Anatomía de una sociedad en crisis

La policrisis mundial y el sentido social de nuestra profesión — escala: XL

Si queremos reconectar — o reinventar — el rol social de nuestra profesión, primero hay que entender algo de la situación actual de la sociedad. No solo dentro de la profesión, sino en la sociedad que la produce — y a la que servimos, queramos o no.

En los episodios anteriores, nos acercamos a nuestra profesión “bajo el agua” (escala M), luego a los mecanismos más íntimos que nos mantienen ahí (escala S). Aquí, me alejo. Porque nuestra crisis profesional no es más que un síntoma — y porque si no entendemos el terreno, no sabremos sobre qué (ni contra qué) actuar.

Resumen de episodios anteriores La profesión está estructuralmente construida para mantener a las personas bajo presión (incertidumbre, complejidad, responsabilidades, plazos, presupuestos) (escala M). No es un defecto individual, sino una estructura. También seguimos porque hay recompensas: a veces un proyecto con sentido, un momento de belleza, un reconocimiento, la sensación de ser útil — y la vocación. El problema es que la situación es insostenible, y nos desgasta. La ausencia de salidas y de solidaridad nos atrapa; la sobrecarga, la precariedad, la soledad se vuelven normales; y al final uno llega a creer que si las cosas van mal, es porque uno mismo no es suficiente.

El texto propone desplazar la respuesta: asumir lúcidamente el poder (prestado) del prescriptor, rechazar el heroísmo solitario cambiando nuestros modelos, y reconstruir apoyos comunes. De ahí el llamado a formas de ayuda mutua y puesta en común (arpentaje, publicaciones, archivos de PFE) para recuperar agencia y reabrir vías de salida.


III. La crisis de los relatos

Desde una perspectiva global, la crisis de nuestra profesión no es más que un epifenómeno, una agitación de una sacudida más profunda: una crisis de la cultura occidental, de nuestro software colectivo de establecimiento de nuestra relación con el mundo — hoy liberal, capitalista, individualista — que se agrieta por todas partes, comprometiendo la supervivencia de lo vivo y de nuestros entornos.

Nuestro “software colectivo de establecimiento de nuestra relación con el mundo” es la suma de una cultura común, tejida de innumerables elementos y relatos, que converge en un sistema de ideas y valores que da sentido al mundo, orienta la acción y justifica un orden social “natural”: un relato colectivo, una ideología, un paradigma. Homo fabulator — nuestra especie hace del relato su fundamento cultural común: el dinero, las naciones, las religiones, la historia… (Molino, 20031)

Analizar esta crisis del relato dominante (neoliberal) permite entender con mayor claridad dónde y cómo podemos reconectar con nuestras funciones de utilidad social — como acupunturistas y narradores prospectivos al servicio de la evolución de ese relato y de nuestras estructuras sociales.

Estado de la situación: la policrisis Estamos en un momento donde la historia envía señales escalofriantes de una policrisis: cruzados 7 de los 9 límites planetarios, colapso de la biodiversidad, desigualdades abismales y crecientes, aumento de guerras y tensiones geopolíticas, surgimiento fascista en múltiples partes del mundo — y un retorno de las señales débiles que precedieron la última Guerra Mundial: chivos expiatorios, endurecimiento securitario, censura más o menos asumida, control de la información, ataques a los contrapoderes, expulsiones y segregaciones, e inercia social frente al horror “normalizado”. (V-Dem, 2025; Freedom House, 2024)2

Bien documentado por la colapsología (Servigne, 2018)3, que muestra la fragilidad de un sistema globalizado e interdependiente, vulnerable ante la escasez de su recurso principal, el oro negro (Auzanneau, 2015)4, parece inevitable que nuestro sistema inestable corra hacia las crisis y el colapso.

Frente a este contexto inestable, la ideología más tranquilizadora — o al menos la más votada — parece ser la de la conservación del orden establecido. Incluso la de una regresión hacia un orden anterior. Este impulso autoritario, movido por la percepción de inseguridad e inestabilidad de un orden social en peligro, justifica el refuerzo securitario del Estado para contener los efectos de estos cambios — las tensiones sociales — sin tratar sus causas.

Si esta estrategia parece lo opuesto de la flexibilidad y la experimentación que requiere un cambio civilizacional, persiste sin duda porque existen muy pocos contra-relatos coherentes, sistémicos y accionables para oponer a lo que se parece cada vez más a un monopolio: el monopolio sobre la escritura de nuestro relato colectivo.

Las grietas del relato hegemónico

La ideología dominante: “crecimiento infinito en un mundo de recursos finitos” — bien atrincherada El núcleo de la doxa neoliberal se basa en una injunción paradójica: una injunción de crecimiento infinito en un mundo de recursos finitos. Esto se traduce en una “optimización perpetua del rendimiento para el crecimiento de la riqueza en beneficio de una minoría.” El enriquecimiento sea cual sea su precio social, político y medioambiental — nos lleva hacia el agotamiento de nuestros recursos y la extinción de nuestra especie. Esta ideología, bien atrincherada en sus instituciones (escuelas, normas, cultura, mercados, medios), mantiene y reproduce el orden establecido. (Rousseau, 1762)5 ya identificaba que un régimen social (y sus instituciones) produce tipos humanos — no solo opiniones.

La matriz de la ideología dominante: el imperialismo Históricamente, el origen de nuestro relato actual (capitalista, neoliberal) es fruto de una ideología más antigua: el imperialismo.

La promesa de la ideología imperial es la paz y la prosperidad en nombre del progreso. El precio a pagar es la seguridad — es decir, “el ordenamiento y el control de las poblaciones, presentados como su protección” (Foucault, 2004)6. Es innegable que a lo largo de estos dos últimos milenios la humanidad nunca se ha desarrollado tanto desde el punto de vista demográfico, económico y civilizacional, pero siempre ha sido mediante la imposición de los fuertes sobre los débiles. Imperio romano, Iglesia, monarquías, burguesía, Napoleón, Mao, Stalin: el poder y la riqueza son concentrados por una minoría, exponencialmente cada vez más poderosa.

Una dinámica que, hasta hoy, cambia de ropaje sin cambiar de naturaleza: la concentración del poder. Hoy, (Oxfam, 2024)7 recuerda que el 1% más rico posee más riqueza que el 95% más pobre. Si me permito el paralelo histórico, el Antiguo Régimen también descansaba sobre una capa dominante: el clero y la nobleza representaban alrededor del 1–2% de la población, pero estructuraban el acceso a la tierra, el estatus, el poder y la renta del 98% restante (Piketty, 2019)8.

Esto es lo que Marx hizo imposible de “no ver”: la cuestión de clase como una estructura, una geometría que persiste — una minoría que capta el excedente, organiza la dependencia de los demás, y luego fabrica el relato que hace “natural” esta dominación (mérito, orden, civilización, seguridad, progreso).

En resumen: el aplastamiento de una clase social sobre las demás — o, dicho de otro modo, la apropiación del poder por una élite, sea cual sea la época, sea cual sea el disfraz.

¿Y la arquitectura en todo esto? No está “al margen.” La arquitectura materializa los relatos dominantes: hace visible, habitable y durable un orden. Y su rol social ha variado con los regímenes — sin dejar nunca de ser un palanca de gobierno (Cohen, 2018)9.

  • Antiguo Régimen: el arquitecto como brazo ilustrado del soberano (representar, ordenar, monumentalizar: palacios, plazas, ejes, catedrales, fortificaciones).
  • Revolución / burguesía industrial: la arquitectura se convierte también en herramienta de industrialización y disciplina (fábricas, cuarteles, hospitales, escuelas), y de valorización del suelo (bulevares, “embellecimientos”, especulación).
  • Siglo XX: el Estado providencia y sus grandes relatos (vivienda social, equipamientos) coexisten con la planificación funcional (zonificación, infraestructuras) — luego la ciudad-empresa.
  • Hoy: competencia entre territorios, “ciudad-plataforma”, producción de valor inmobiliario, y captura de las decisiones por las finanzas / promotores / normas.

Ha habido bifurcaciones (y cuentan): momentos donde el arquitecto se pensó al servicio de los comunes — cooperativas, autogestión, municipalismos, movimientos de hábitat, prácticas situadas. Pero el núcleo del problema sigue ahí: en una sociedad de clases, la forma construida distribuye poder (acceso, separación, visibilidad, renta). Reinventar nuestro rol social implica pues elegir qué poder hacemos posible — y para quién.

En suma, el imperialismo no es solo un modelo de poder político (centralizado, vertical, elitista), es ante todo una ideología de dominación que desciende hasta lo íntimo, condicionando y colonizando nuestras miradas. Lo bueno sobre lo malo, la mente sobre el cuerpo, las ideas sobre las emociones, el padre sobre su familia, el hombre sobre la mujer, el humano sobre la naturaleza, el patrón sobre sus empleados, el presidente sobre su nación, el Norte sobre el Sur, los blancos sobre los demás, etc.

El Imperio como software es un monocultivo de ideas, guiado por un espíritu racional antisocial, que asfixia lentamente a las poblaciones y nuestros entornos bajo su yugo en beneficio de una minoría oligárquica y opresiva.

Sin embargo, este software milenario ha sido regularmente “actualizado” y ha evolucionado a lo largo de los siglos.

La larga guerra de los relatos Estos “relatos” — o paradigmas culturales — que rigen nuestra relación colectiva con el mundo, fluctúan, se agrietan, se rompen y mutan con el tiempo, posibilitando cambios colectivos en la relación con el mundo. Propongo leerlos a través de tres parámetros, para entender mejor su dinámica secular e iluminar la situación política y social actual, tan inestable como nuestra historia siempre lo ha sido:

  • El primero, ya explicado en parte, es la dominación de un relato sobre los demás — la historia escrita por los vencedores busca sofocar la de los vencidos. “Herejes”, disidentes, revolucionarios, utopistas, resistentes, chivos expiatorios, indígenas, marginales, librepensadores anarquistas — todos los que contestan el marco, porque no forman parte de él, son combatidos. El imperialismo usa la fuerza para imponerse. Teme la diversidad de visiones del mundo que podrían cuestionar su monopolio, la libertad de los individuos y del pensamiento. Busca borrar las identidades de los lugares y las culturas para uniformizarlos, estandarizarlos, facilitando su explotación en beneficio de los flujos mercantiles de la globalización (Krenak, 2019). El importante trabajo exegético y revolucionario de Pacôme Thiellement (2023)10 recompone los márgenes de la historia de los vencidos para reapropiarse del tejido de nuestra historia común, popular, oprimida, libertaria. Cambiar el relato que nos hacemos del pasado cambia la perspectiva que nos hacemos del futuro. Así, siempre han existido espíritus libres que vivieron en contestación de la doxa, que la posteridad no ha dejado de admirar… quizás para mantenerlos mejor a distancia.11

  • El segundo es la alternancia de los paradigmas culturales, o visiones del mundo. Aunque criticable, el trabajo de Harari en Sapiens (2011)12 ilumina la dinámica civilizacional de alternancia entre fases conservadoras y fases más progresistas. Cada fase integra una nueva relación con el mundo, que él llama “paradigma cultural”. Ejemplo: tras la Edad Media (conservadora), pasamos al Renacimiento (humanismo progresista) seguido del Barroco (neoclasicismo conservador), luego la Ilustración (progresista de nuevo), la monarquía (conservadora), la Revolución (progresista), el Terror y la Restauración (conservadores), las democracias (progresistas), el fascismo (conservador) y así sucesivamente… Recuerda que la civilización avanzaría por “sacudidas” opuestas, y que lo que parece inevitable nunca lo es para siempre.

  • El tercero es la aceleración (Rosa, 201013)14: nuestra sociedad tiende desde sus orígenes a acelerarse de manera exponencial. Hoy, este desbocamiento técnico y social es tan fulminante que desincroniza nuestra experiencia del mundo y nuestra capacidad de asimilarlo; empuja a la crisis a individuos, grupos sociales, democracias. Aliena, al tiempo que hace la transformación simultáneamente urgente y más difícil de habitar. Esta aceleración de las desigualdades (clima, riqueza…) genera un clima pre-insurreccional, inestable (como señalan varias instituciones de referencia: ejércitos de EEUU/RU/ALE, ONU, OCDE): nuestro siglo es una bisagra civilizacional (Hamant, 202315).

Comprender la lucha de nuestras historias y relatos que oscilan entre paradigmas opuestos, en una aceleración cada vez más inestable. Difícil de conceptualizar, pero lo que parece dado por sentado en nuestro paradigma actual no lo será mañana — y la historia muestra que una dirección convoca su contrario.

Si analizamos la situación actual con ese prisma: la Quinta República, ¿una estructura social imperial?

Si hacemos zoom out sobre la dinámica histórica y regresamos al presente, nos damos cuenta de que este software imperial vertical no se ha disuelto “por arte de magia” con la democracia: se reconfigura.

Históricamente, la democracia es una organización social “joven”, inestable, que vive de crisis en crisis. “El peor sistema, salvo todos los demás” (Churchill, 1947).

La estructura de poder vertical pervive hoy en nuestra democracia: la Quinta República, un proyecto de organización del poder llevado por un general, desemboca en un régimen centrado en torno a un individuo. Si la intención era loable — dar los medios para actuar rápido y bien frente a una Cuarta República minada por el inmovilismo parlamentario — uno de sus presupuestos es, sin embargo, extremadamente ingenuo, incluso problemático: suponer que la concentración de poderes beneficia a todos y que llegan al poder presidencial las personas providenciales. Mientras que la hiperpresidencialización fabrica decisión autoritaria, fragiliza los contrapoderes y, a la larga, encoge los comunes (Rosanvallon, 2016).

Nuestros antepasados murieron para expulsar al imperialismo en la Revolución y resistir al fascismo en la Segunda Guerra Mundial, pero su dinámica regresa por la ventana, normalizada por nuestros imaginarios colonizados.

La democracia, o la inercia del cambio crítico Aunque heredada de la antigua Grecia hace dos mil años, la democracia solo ha sido practicada — con interrupciones — durante unos dos siglos (desde 1789), lo que es relativamente “joven” desde una perspectiva histórica, lo que explica en parte su inestabilidad crónica.

Sin embargo, si la democracia evoluciona — especialmente gracias al Estado social que funda, que mejora significativamente las condiciones de vida de la mayoría — un elemento persiste: su antigua estructura vertical de poder heredada de la lógica imperialista. La casta burguesa reemplazó a la aristocracia en 1789.

Hoy observamos que existe una oligarquía funcional, una élite minoritaria dotada de una fuerte capacidad de encuadre y palancas (económica, mediática, regulatoria, protectora) que orienta las prioridades y fija los parámetros del debate. Frenando o acelerando las reformas según sus intereses, a través de intermediarios y lobbies.

Tomemos el ejemplo de la reciente “tasa Zucman”: no fue rechazada por un Senado neutro, sino por la convergencia de cuatro palancas — ejecutivo, cámara alta, lobby patronal y encuadre mediático — que convirtieron un impuesto mínimo sobre el 0,01% de las fortunas (para que sus impuestos anuales alcancen el 2% de su patrimonio) en una “amenaza para la economía”, hasta enterrarlo y luego desactivarlo en una versión inofensiva (Le Monde, febrero de 202516)

Aparece cada vez más claramente (para quienes aún no lo veían) que el mundo de los negocios y el de la política provienen de la misma clase social burguesa, que cierra el acceso a la cima del poder “democrático” (Branco, 2019)17, y que el capitalismo vira hacia su forma autoritaria cuando los mecanismos democráticos se convierten en un obstáculo para la rentabilidad de las clases dominantes (Guérin, 1936)18.

Las instituciones bloquean bien el relato hegemónico.

El bloqueo de los canales de nuestros relatos comunes

Si la batalla es una guerra de relatos, una guerra cultural, entonces la pregunta es: ¿dónde se libran estos enfrentamientos? La respuesta es más amplia que “los medios”. Son todos los canales que fabrican nuestros imaginarios: educación, escuelas, publicidad, plataformas, cine, música, series, videojuegos, cultura de masas, industrias del entretenimiento, e incluso el urbanismo cotidiano — la infraestructura material de lo que encontramos “normal.” Los medios son una pieza del sistema: importante, pero no única. Son sobre todo un nudo donde se cruzan el capital, la emoción, la velocidad y la agenda política — la punta más visible del iceberg.

Analicemos este fragmento — los medios — como revelador de la dinámica de privatización fascistizante que recorre nuestra cultura dominada.

Los medios son en principio el “cuarto poder”, supuestamente encargado de vigilar a los otros tres (ejecutivo, legislativo y judicial), denunciar los abusos de poder y garantizar a los ciudadanos la libertad de información y de pensamiento. Pero han sido transformados por dos sacudidas: la privatización de los medios y las redes sociales, alejando el periodismo cualitativo y verificado del debate público. Polarizando las opiniones en una dinámica fascistizante que no deja de acelerar el bloqueo de los canales de contra-relatos, necesarios para proponer otros usos y relatos distintos a la doxa neoliberal.

Privatización de los medios: quién cuenta la historia, y en nombre de qué Hoy, en Francia, diez oligarcas poseen el 95% de los medios privados (Acrimed/Diplo 2025)14, representando el 56,5% de la cuota de audiencia televisiva (32% para los medios públicos, 11,5% varios). La cuota de los medios públicos no ha dejado de menguar en las últimas décadas.

Esta concentración no privatiza únicamente la verdad, sino sobre todo su encuadre: aquí, poco espacio para la experimentación, el debate de hechos, la información verificada útil para el debate público — canales de opinión que ofrecen un tratamiento mediático polémico, emociones en flujo continuo, una dramaturgia de opiniones, noticias de última hora sin contexto ni memoria. Bolloré lo admite en una entrevista: “Utilizo mis medios para librar mi combate civilizacional [de extrema derecha].” (Beaufils, 2022)19. Este encuadre ideológico opera sobre audiencias ya significativas, estructurando la agenda de los debates de la sociedad.

Este tratamiento mediático tiene por objetivo alimentar el espectro de una “amenaza interior”20 — cuando la delincuencia no ha aumentado desde 198021 — mientras que el sentimiento de inseguridad ha explotado —, para permitir a los responsables políticos de derecha y de extrema derecha presentarse como salvadores frente a un peligro imaginario, alimentado por ellos mismos, ad nauseam (De Bure, 2024).

En el discurso público, el poder confisca la palabra desentendiendo del mundo real, de los hechos — mediante mentiras, inversiones acusatorias, promesas incumplidas —; tras una fachada formal que enmascara la opresión del espíritu deliberativo, paralizando nuestras instituciones parlamentarias y, por extensión, el gobierno, acelerando las crisis (Logocratie22, Viktorovitch, 202523).

Redes sociales: ¿emotividad democrática o enfrentamiento ideológico? Para huir de estas (des)informaciones angustiantes, las redes sociales proponen un cambio de paradigma informacional, a la vez emancipador y esclavizante. Emancipador en que descentralizan el monopolio de la información, permitiendo a cada uno convertirse en fuente de información en un espacio público digital. El precio es ahogar la señal en un flujo infinito de ruido. Se mezclan todo tipo de mensajes con jerarquías distintas (información, comentarios, creencias, hipótesis, emociones), en diferentes contextos de conversación y registros de lenguaje, sembrando confusión — uno de los factores de la fatiga informacional (infoobesidad).

Estas herramientas son también esclavizantes: para captar nuestra atención mercantilizada, la herramienta explota nuestra sed de emociones, sensaciones, dopamina rápida — en suma, nuestra sed de vínculos humanos. De fondo, gracias a nuestros datos personales, el algoritmo apunta a nuestros sesgos cognitivos, ofreciéndonos los argumentos que nuestro cerebro ansía para contrarrestar los hechos que sacuden nuestras certezas, para que nuestras “creencias no sean cuestionadas” (Festinger, 1957).

Así, la ausencia de información alimenta la desconfianza hacia cualquier interlocutor que no comparta nuestra opinión y creencia (Patino, 2023).

Asistimos a una democracia emocional (emotracia), posverdad, terreno de enfrentamientos ideológicos que tienden hacia la ingobernabilidad. Veremos en la próxima parte que las redes sociales ofrecen, sin embargo, un medio directo de subvertir los canales bloqueados de los medios tradicionales.

La revolución digital apenas comienza.

La deriva de la tecnología autoritaria Si las redes sociales se han convertido en intermediarios indispensables para nuestra especie social — (una media de 1h48/día/persona en redes sociales)24 —, más que descentralizar, permiten sobre todo concentrar el poder de las empresas más poderosas del planeta (GAFAM), que han adquirido ya el monopolio privado del espacio público digital. Un monopolio problemático, en un mundo de desigualdades crecientes, donde las superpotencias tecnológicas, los “nuevos legisladores” de Silicon Valley, se vuelven indispensables en los ámbitos de la seguridad y lo digital, condicionando así nuestras democracias al convertirse en su infraestructura (Morozov, 202525). La frontera entre Estado e intereses privados se difumina a través de mercados desiguales, ahondando nuestra dependencia hacia estos gigantes e hipotecando aún más nuestra soberanía (Bria, 202526).

En ausencia de una gobernanza mundial sobre la evolución tecnológica, la IA de progresión exponencial está a punto de convertirse en un actor autónomo que vuelve obsoletos sectores enteros de nuestra economía. Un remake del transhumanismo a una escala muy superior. Aunque criticable, una petición que pide una moratoria a la superinteligencia27, la IA autoevolutiva que se apresta a cambiar el mundo — sin enmascarar el refuerzo securitario y militar ya presente con las IA “básicas” (identificación de migrantes para expulsarlos, drones autónomos, vigilancia masiva automatizada, explotación de trabajadores anotadores, uso militar en Gaza, control social, sesgos en la asignación de ayudas… (Synth 202528))

La distopía ya está aquí En suma, los canales de nuestros relatos comunes están bloqueados por una ideología, por los intereses de una casta todopoderosa, y por su industria tecnológica revolucionaria. Una especie de golpe de Estado silencioso de nuestras instituciones y Estado social por parte de los intereses privados de una oligarquía sobre los comunes.

¿Y si el crecimiento de la concentración del poder y de la información por parte de una minoría buscara contener la inestabilidad de una organización social con brechas de riqueza abismales, donde el Estado social — que garantiza la paz social mediante el bienestar — se retrae en nombre de la rentabilidad neoliberal? Se bloquean los canales de nuestros relatos para apagar cualquier veleidad de cambio. Nótese que si bien es fácil para los poderosos bloquear los canales de nuestros relatos, es mucho más arduo bloquear los relatos mismos, impedir pensar, crear, imaginar.

En este contexto de posverdad, hacer emerger nuevas miradas — un instrumental democrático de transformación de nuestros sistemas — equivale a una declaración de hostilidad hacia el orden establecido. Y se trata como tal, a menos que se opere en los márgenes, o a través de sutiles alianzas, vías de paz entre el relato dominante y el dominado.

La resistencia (por venir)

Sin embargo, si miramos más allá de la cima de la pirámide, aparecen señales débiles de contestación, renovación y eclosión en las grietas fértiles.

Interrumpo aquí voluntariamente: el próximo texto (4) estará dedicado a retomar el poder — ejemplos históricos, señales débiles a través del mundo, estrategias que dan frutos — destellos de esperanza.

Luego, en las partes siguientes (5, 6, 7), propondremos una estrategia concreta para hacer evolucionar nuestras situaciones colectivamente, individualmente, a escala de la profesión, respondiendo a las escalas M, S, XL del diagnóstico.


Notas

Footnotes

  1. Jean Molino. Homo fabulator. Actes Sud, 2003 (presentación editorial). https://actes-sud.fr/homo-fabulator

  2. V-Dem Institute. Democracy Report 2025: 25 Years of Autocratization (6 de marzo de 2025). https://www.v-dem.net/documents/60/V-dem-dr__2025_lowres.pdf ; y Freedom House. Freedom in the World 2024 (29 de feb. de 2024). https://freedomhouse.org/sites/default/files/2024-02/FIW_2024_DigitalBooklet.pdf

  3. Pablo Servigne; Raphaël Stevens; Gauthier Chapelle. Una otra fin del mundo es posible. Seuil, 2018. https://www.seuil.com/ouvrage/une-autre-fin-du-monde-pablo-servigne/9782021400137

  4. Matthieu Auzanneau. Or noir. La grande histoire du pétrole. La Découverte, 2015 (reed.). https://www.editionsladecouverte.fr/or_noir_la_grande_histoire_du_petrole-9782348067549

  5. Rousseau, Émile ou De l’éducation (1762). Texto (Wikisource): https://fr.wikisource.org/wiki/%C3%89mile_ou_De_l%E2%80%99%C3%A9ducation

  6. Michel Foucault. Seguridad, territorio, población. Cursos en el Collège de France (1977–1978), Seuil/Gallimard, 2004. https://www.seuil.com/ouvrage/securite-territoire-population-michel-foucault/9782020307994

  7. Oxfam. Comunicado (23 sept. 2024). https://www.oxfam.org/en/press-releases/worlds-top-1-own-more-wealth-95-humanity-shadow-global-oligarchy-hangs-over-un

  8. Thomas Piketty. Capital e ideología (Tabla 2.1). https://piketty.pse.ens.fr/files/ideologie/pdf/T2.1.pdf

  9. Jean-Louis Cohen, cursos en el Collège de France (La arquitectura, vector de lo político, 2017–2018). https://www.college-de-france.fr/fr/agenda/cours/architecture-vecteur-du-politique/architecture-des-pouvoirs-et-pouvoir-des-architectes

  10. Pacôme Thiellement. Playlist (YouTube), 2023. https://www.youtube.com/playlist?list=PLv1KZC6gJTFlbdBD_610rc3yAd5x3qu56

  11. Le Monde diplomatique. Artículo (oct. 2025). https://www.monde-diplomatique.fr/2025/10/BERNIER/68815

  12. Yuval Noah Harari. Sapiens: Una breve historia de la humanidad (ref. 2015). https://www.ynharari.com/fr/book/dapres-sapiens/

  13. Hartmut Rosa. Aceleración. Una crítica social del tiempo (ref. 2010). https://www.lemonde.fr/livres/article/2010/04/15/la-fuite-en-avant-de-la-modernite_1333903_3260.html

  14. Acrimed / Le Monde diplomatique. Mapa “Medios franceses, quién posee qué”. https://www.monde-diplomatique.fr/cartes/PPA 2

  15. Olivier Hamant. Intervención (France Culture), emisión del 13 nov. 2024. https://www.radiofrance.fr/franceculture/podcasts/questions-du-soir-l-idee/questions-du-soir-l-idee-emission-du-mercredi-13-novembre-2024-8366249

  16. Le Monde. Artículo sobre la “tasa Zucman” (feb. 2025). https://www.lemonde.fr/politique/article/2025/02/21/les-deputes-votent-la-taxe-sur-le-patrimoine-des-ultrariches-portee-par-la-gauche_6556670_823448.html

  17. Juan Branco. Crépuscule. https://livre.fnac.com/a13480872/Juan-Branco-Crepuscule

  18. Guérin, Daniel. Fascismo y gran capital. 1936. Gallica: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k3379081j

  19. Vincent Beaufils. Artículo L’Obs (16 feb. 2022). https://www.nouvelobs.com/economie/20220216.OBS54550/a-l-heure-de-la-retraite-vincent-bollore-veut-racheter-le-peche.html

  20. Wikipedia. “Sur la télévision” (entrada). https://fr.wikipedia.org/wiki/Sur_la_t%C3%A9l%C3%A9vision

  21. OpenEdition Journals (Lectures). https://journals.openedition.org/lectures/63740

  22. YouTube. Vídeo “Logocratie”. https://www.youtube.com/watch?v=D8qqtUE_5M0

  23. Clément Viktorovitch. Logocratie. Seuil, 2025. https://www.seuil.com/ouvrage/logocratie-clement-viktorovitch/9782021591163

  24. We Are Social. Digital Report France 2025. https://wearesocial.com/fr/blog/2025/02/digital-report-france-2025-%F0%9F%87%AB%F0%9F%87%B7/

  25. Morozov, Evgeny. Artículo (Le Monde diplomatique). https://blog.mondediplo.net/les-intellectuels-oligarques-nouveaux

  26. Bria. Artículo (Le Monde diplomatique, nov. 2025). https://www.monde-diplomatique.fr/2025/11/BRIA/68925

  27. “Statement on AI Superintelligence” (petición). https://superintelligence-statement.org/fr

  28. Synth (2025). https://synthmedia.fr/ethique/superintelligence-quand-les-appels-a-moratoire-detournent-lattention-des-dommages-reels-de-lia/